¿Casualidad, Evolución o Diseño Inteligente?

¿Casualidad, Evolución o Diseño Inteligente?

¿Casualidad, Evolución o Diseño Inteligente?

¿Cómo existen los humanos? Acaso somos producto de la casualidad y la evolución?

Sin embargo, si pudiéramos concebir (¡y cuán gran suposición implica este si!) la posibilidad de la formación química de un compuesto proteico, en algún estanque cálido y pequeño, que contuviera toda clase de sales fosfóricas y amónicas, que recibiera luz, calor, electricidad, etcétera, compuesto que una vez formado podría sufrir otros cambios posteriores de mayor complejidad.Charles Darwin1

En el último episodio de Star Trek: The Next Generation, Q, un ser inmortal y todopoderoso,  lleva a Captain Jean-Luc Picard en un viaje hacia el futuro y el pasado. En la escena más memorable (y también la más alarmante), Q transporta a Picard al mismo “estanque” donde Darwin concebió que hubo vida terrenal por primera vez.

Para darle una lección a Picard de cuán precaria e insignificante es la vida humana, Q sumerge su mano en el estanque y agita el agua. Oops, le informa a Picard con una sonrisa juvenil, parece que los aminoácidos no se convertirán en la primera proteina. Y ya que eso no ocurrió, la especie humana entera nunca evolucionará.

Bueno, Picard y la raza humana ganan al final, pero la victoria no le resta importancia a las implicaciones aterradoras del episodio. ¿El origen de nuestra vida, nuestras esperanzas, nuestros sueños no tienen más importancia que los movimientos accidentales de aminoácidos en un caldo primordial?   

Formas Aparentemente Aleatorias

Las voces dominantes de las letras y ciencias insisten que mediante el concepto de evolución darwiniano se puede explicar todo lo que existe en la Tierra en la actualidad—desde los microbios hasta el ser humano, desde la materia hasta la razón. Si se le da suficiente tiempo, el mecanismo dual de selección natural y mutación genética puede justificar muy bien la gran variedad de especies y la psiquis humana que es mucho más compleja.

Sin embargo, ¿qué impulsa esta evolución? ¿Y qué la mantiene en el curso correcto? Hay algunos evolucionistas a los cuales se les llama teístas, quienes aceptan la selección natural pero argumentan que es impulsada por un propósito supernatural superior.

El poeta victoriano Alfred, Lord Tennyson distinguió un propósito como este en el progreso de la evolución. Escribió, sobre el comienzo de la Tierra y la humanidad, en su poema épico “In Memoriam”:

Comenzó en pistas de calor fluido
y creció hasta convertirse en formas aparentemente aleatorias
la aparente presa de tempestades cíclicas,
hasta que, por fin, surgió el hombre.2

Para Tennyson y los que compartían su punto de vista, la selección natural solo parece ser accidental. En realidad, está dirigida por una mano superior que la mueve en la dirección del progreso. Sí, el proceso mismo avanza dando tumbos por coincidencia, pero detrás de esa coincidencia hay un propósito y significado superior.

La Apariencia del Diseño

En marcado contraste, la mayoría de los evolucionistas modernos insisten en que la evolución es absolutamente ciega: no tiene idea de dónde va y no nos tuvo a nosotros (la raza humana) en mente. Aparenta ser aleatoria porque lo es. En efecto, como manifiesta con frecuencia el ateo Richard Dawkins a sus lectores, la evolución es un mecanismo que brinda la apariencia de un diseño, pero funciona libre de diseño o propósito superior alguno.

La selección natural funciona de acuerdo a una serie de cambios pequeños acumulativos que son seleccionados porque tienen valor de sobrevivencia. Esto, de por sí, es suficiente para justificar la variedad enorme que vemos en la naturaleza, así como el desarrollo de la conciencia humana. Aunque los resultados generales de la selección natural parezcan sumamente improbables, cada uno de los pasos diminutos hechos para obtener esos resultados es solo levemente improbable.

Dawkins arguye que, debido a la naturaleza cumulativa del darwinismo, la ciencia no necesita recurrir a la coincidencia como explicación. Se puede explicar de manera adecuada mediante la selección natural. Esta diferencia es vital para Dawkins, ya que teme que los que rechacen la coincidencia se sentirán forzados a recurrir al otro “extremo”: el diseño inteligente.3

El Diseño Inteligente

¿Qué pasa cuando el diseño es sencillamente la mejor explicación para los fenómenos que vemos en la naturaleza?

Muchos rehúsan albergar esta opción, ya que la ven como “religiosa” y creen que la ciencia, por naturaleza, excluye las explicaciones religiosas. Aunque algunos científicos, laicos o religiosos, están dispuestos a hablar de la coincidencia (siempre que las preguntas sobre un significado y propósito superior queden sin contestar), la mayoría de ellos se llegan a sentir molestos ante la mera mención de diseño inteligente (ID, por su sigla en inglés).

Aún así, ¿deberían sentirse molestos? Lejos de defender que la religión debería “controlar” a la ciencia, los promoventes de ID hacen una simple reclamación que no debería ocasionar controversias.4  De la misma manera en que los antropólogos pueden distinguir un conjunto aleatorio de piedras y una estructura hecha por una persona como Stonehenge, los científicos que no son guiados por un compromiso previo al darwinismo o el creacionismo, deberían poder discernir cuando un fenómeno natural es aleatorio o diseñado.

El argumento no es nuevo. Durante el Siglo XVIII, William Paley alegaba que si encontrábamos un reloj en el piso, su complejidad nos convencería de que el reloj no ocurrió de manera natural, sino que fue diseñado. Ya que tanto nosotros como nuestro universo somos infinitamente más complejos que el reloj, la lógica nos exige un eterno “relojero” quien nos pudo haber diseñado a nosotros y a nuestro mundo.5

Los teóricos de ID actuales han llevado este argumento al área de las células, demostrando que nuestro ADN—hebras microscópicas que contienen más información (cada una de ellas) que una súper computadora—no pudo haber sido establecido por coincidencia ni por una acumulación ciega de cambios pequeños.

No pudo haber sido ocasionado por la coincidencia, ya que nuestro ADN tiene un cargamento de información codificada con detenimiento. Esa información no es aleatoria; es espefícica. Se adhiere a un patrón que está separado de los componentes físicos del ADN y no pudo haber surgido de los mismos.

Tampoco la selección ciega pudo haber formado el ADN, ya que el proceso por el cual el ADN se replica a sí mismo es indiscutiblemente complejo. Esto quiere decir que no puede haber surgido de una serie de pasos pequeños, porque no tiene valor de sobrevivencia hasta que todos los componentes están en su lugar.

La Verdadera Pregunta

¿Coincidencia, evolución ciega o diseño? La verdadera pregunta no es cuál opción se adapta mejor a una noción preconcebida del universo o confirma un sistema de creencias en particular, sino cuál justifica mejor el mundo a nuestro alrededor (y dentro de nosotros).

Si te fijas en el mundo que te rodea y la gente en tu vida, ¿qué piensas?  

  1. Charles Darwin a Joseph Hooker, extraído de “Darwin Correspondence Project,” University of Cambridge, https://www.darwinproject.ac.uk/letter/DCP-LETT-7471.xml.
  2. Tennyson, “In Memoriam,” 118:9–12. Tennyson’s Poetry, ed. Robert W. Hill (New York: Norton, 1971), 185. 
  3. Richard Dawkins, The God Delusion (Boston: Houghton Mifflin, 2008), 144–151.
  4. Algunas obras importantes del movimiento ID incluyen Darwin on Trial de Phillip E. Johnson, Darwin’s Black Box de Michael Behe, The Signature of the Cell de Stephen Meyer, Icons of Evolution de Jonathan Wells y The Design Inference de William Dembski.
  5. William Paley, Natural Theology, ed. Frederick Ferré (New York: Bobbs-Merrill), 3–6.
  6. Crédito de Foto: Hintau Aliaksei / Shutterstock.com.