¿Existió Jesús?

¿Existió Jesús?

¿Existió Jesús?

¿Podría ser que Jesús nunca existió? ¿Acaso toda la gente que ha creído en él ha sido engañada?

Hay pocas cosas más decepcionantes que enterarse que algo o alguien en quien uno creía—como Santa Claus, el Conejo de Pascua o el Hada de los Dientes—no existe. Pero a la larga crecemos y logramos entender todo.

Sin embargo, seguimos preguntándonos: ¿Queda algún otro cuento que estemos creyendo a ciegas? ¿Quién más nunca ha existido?

En 1921 la Washburn Crosby Company, una empresa americana productora de harina, reconoció el beneficio de responder personalmente a preguntas acerca de sus productos. Entonces la compañía creó un nombre “cálido y amistoso”, la cual fue una firma de un empleado que ganó un concurso y voilà: Había nacido Betty Crocker como la conocemos.1

Naturalmente, descubrir que Betty Crocker no era una persona real tiene poco importancia en nuestras vidas cotidianas. ¿Pero qué pasa con una de las personas más famosas en la historia, Jesús de Nazaret? ¿Es posible que nunca hubiera existido, que todos los que creen en él hayan sido engañados?

Sin duda, casi cualquier cosa es posible. Sin embargo, en este caso la pregunta importante no es “¿Es esto posible?”, sino “¿Es esto probable?” Demos una mirada a la evidencia.

Obras Clásicas y Judías

Hay una larga lista de referencias a Jesús como un personaje histórico en registros antiguos. Los académicos sugieren que Jesús nació alrededor del año 4 DC y que murió cerca del año 30 DC. Lo siguiente es un breve catálogo ordenado cronológicamente de algunas de estas referencias.2

  • En el año 55 DC, el historiador Talo explicó que la oscuridad que se registró a mediodía cuando Jesús fue crucificado pudo haber sido un eclipse, no un milagro. La obra original de Talo está perdida, pero el texto sobrevive a través de citas de historiadores posteriores.
  • Poco después del 73 DC, Mara Bar Serapión, un filósofo estoico cuyos antecedentes se conocen poco, escribió una carta a su hijo describiendo cómo los judíos habían matado a “su rey sabio”.
  • En los años 90 DC, el historiador judío Josefo escribió su segunda obra importante, Antiquities of the Jews. En ella, describe la muerte del apóstol Santiago, “el hermano de Jesús llamado Cristo”.3 Pero antes de eso consideremos lo que dice su libro:

Alrededor de esta época vivió Jesús, un hombre sabio, si en realidad uno tiene que llamarlo hombre. Porque él fue alguien que obró sorprendentes proezas y fue maestro de aquella gente que aceptó la verdad de buena gana. Se ganó a muchos judíos y a muchos de los griegos. Él era el Mesías. Cuando Pilato, al ver que hombres del más alto rango entre nosotros lo acusaban, lo condenó a ser crucificado, quienes habían llegado a amarlo primero no renunciaron a su afecto por él. Al tercer día se les apareció devuelto a la vida, porque los profetas de Dios habían anunciado esta y otras cosas maravillosas acerca de él. Y la tribu de los cristianos, así llamados en su nombre, sigue hasta el día de hoy sin desaparecer.4

  • En el año 111 DC, el gobernador romano Plinio El Joven escribió al Emperador Trajano acerca de asuntos administrativos. Sus cartas preservadas constituyen la correspondencia administrativa más grande que haya perdurado desde la época del Imperio Romano. En una carta, él preguntó acerca del trato de los cristianos que están en juicio. Mencionó despectivamente a Cristo tres veces, y su descripción de la conducta cristiana y sus patrones de adoración coinciden con gran parte de lo que conocemos a partir del Nuevo Testamento.5
  • En el año 116 DC, Tácito, un historiador romano bien conocido, publicó los Annals, una historia año por año de varios emperadores romanos. Al describir el gran incendio en Roma del año 64 DC, comentó la teoría popular de que los “Chrestians” iniciaron el fuego. A la luz de la falta ortográfica popular, aclaró su observación: “Christus, el fundador al que deben su nombre, fue objeto de pena de muerte en el imperio de Tiberio, sentenciado por el prefecto Poncio Pilato”.6 Después de esta nota al pie histórica, Tácito continúa desestimando al movimiento cristiano como una “superstición perniciosa”.

Hay otras referencias: Suetonio (120 DC), Luciano de Samosata (165 DC), Celso (175 DC) y la literatura rabínica judía (posterior al 200 DC). Lo que hace significativa esta lista inicial es que ninguno de estos autores eran cristianos; no tenían motivo para propagar un mito que, en realidad, amenazaba a sus propios intereses.

El Nuevo Testamento

Como era de esperar, numerosos autores cristianos del siglo primero y del segundo -como Clemente de Roma, Clemente de Alejandría, Orígenes, Justino Mártir y Tertuliano- también escribieron sobre Jesús. Pero la mayor evidencia de la existencia de Jesús se encuentra en el Nuevo Testamento mismo.

Cuatro libros distintos escritos antes del año 100 DC -Mateo, Marcos, Lucas y Juan- se erigen como biografías que dan una crónica de la vida de Jesús. Estas biografías no afirman ser neutrales. Fueron escritas por seguidores de Jesús con un propósito específico. Como indica uno de los autores, estos reportes se registraron para "que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre".7

Este hecho no pone en duda la confiabilidad del texto necesariamente. Ningún historiador es totalmente neutral; la objetividad absoluta es inalcanzable. Además, a menudo los mejores historiadores tienen un interés creado en sus temas.

Por ejemplo, ¿a quién le importa más documentar el Holocausto, exponer lo que sucedió verdaderamente y preservar su recuerdo para que la humanidad nunca más permita que esto suceda? A historiadores judíos. Y nadie podría -o debería- desafiar su competencia y pasión por “contarlo bien”. Los escritores del evangelio no son distintos en lo referente a Jesús.

Otros autores del Nuevo Testamento como Pablo y Santiago escribieron epístolas incluso antes de que se compusieran los Evangelios y fueran difundidos. Estas cuentan la misma historia general de un hombre judío llamado Jesús cuyas enseñanzas eran asombrosas, cuya muerte fue un sacrificio y cuya resurrección cambió todo.

El Mundo

De seguro, tal vez la evidencia más sólida de la existencia de Jesús es el efecto que ha tenido en el mundo. Si Jesús nunca existió, ¿por qué tantas personas afirmaron seguirlo y luego murieron por contar a otros sobre él?

¿Cómo la historia sobre un sencillo carpintero judío de la parte más humilde de Galilea en el borde del Imperio Romano logró abrirse espacio entre los libros de historia más grandiosos del Imperio? ¿Y cómo los relatos escritos por sus seguidores llegaron a ser más ampliamente copiados y hechos circular que aquellos escritos por el mismo Tácito?

Michael Grant fue uno de los historiadores de la antigüedad más destacado del siglo XX. De hecho, su traducción de los Annals de Tácito sigue siendo un estándar en el campo. Siendo abiertamente ateo, estudió a Jesús extensamente y escribió un libro llamado Jesus: An Historian’s Review of the Gospels. Consideremos esta conclusión:

Para resumir, los métodos críticos modernos no logran sustentar la teoría del Cristo-mito [de que Jesús nunca existió]. Esta pregunta ‘ha sido contestada y aniquilada una y otra vez por académicos de primera clase’. En los últimos años, ‘ningún académico serio se ha atrevido a postular la no historicidad de Jesús’ o en cualquier medida muy pocos, y no han tenido éxito en eliminar la muy sólida, y en realidad muy abundante, evidencia en contrario.8

  1. “Betty’s History,” BettyCrocker.com, http://www.bettycrocker.com.
  2. Para más detalles sobre todas estas referencias, ver los debates extremadamente completos en Robert E. Van Voorst, Jesus Outside the New Testament: An Introduction to the Ancient Evidence (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 2000).
  3. Josefo, Antiquities of the Jews, 20.9.
  4. Antiquities 18.3.3 §63–64. Se ha debatido mucho acerca de este pasaje. Algunos sugieren que el lenguaje positivo acerca de Jesús revela que esta es una adición cristiana, no texto original de Josefo. Esta evidencia en manuscrito sugiere que el pasaje fuera embellecido con posterioridad, pero la mayoría de los académicos concuerda en que los detalles básicos del pasaje acerca de la vida de Jesús son originales. Para una explicación completa, ver Van Voors, Jesus Outside the New Testament, 81–104.
  5. Plinio El Joven, Letters, 10.96–97.
  6. Tácito, Annals, 15.44.
  7. La Santa Biblia, Nueva Versión Internacional © 2011, Juan 20:31.
  8. Michael Grant, Jesus: An Historian’s Review of the Gospels (Nueva York: Scribner, 1977), 200.
  9. Crédito de Foto: severesid / Shutterstock.com.